Hace años escuché en algún lugar una frase que, a diferencia del lugar, quedó dentro de mi cabeza: “el mejor favor que puedes hacerle a un amigo es dejar que te haga un favor”.

No sé en qué momento de la historia nos confundimos y nos creímos que mejor era recibir que dar, tener que entregar.

Algunas teorías biológicas nos hablan de la competitividad y la lucha por sobrevivir de las especies. Es el caso, por ejemplo, de la mal llamada por muchos “supervivencia de los más fuertes”. (Mal llamada porque una mala traducción la alejó del concepto original de “supervivencia de los más aptos…” Y ser apto y ser fuerte, sobre explicarlo, no es lo mismo). Asimismo, escuchamos con frecuencia aquello de que a la gacela coja se la comía el león, que el que compartía el plato moría de hambre y que al que defendía al grupo mientras los demás huían se lo cargaban antes.

Estamos programados -y no cabe duda- para sobrevivir, y en nuestros genes –queda saber si en verso o prosa- así dicen que está escrito. No obstante, y he aquí la esperanza a la que debemos agarrarnos, si bien estamos programados para sobrevivir, nadie sobrevivió sin sociedad y ninguna sociedad sobrevivió sin cooperación… Y esto, nuestros genes, también lo saben. Es por esto que vivimos en una balanza de dos pesos: el egoísmo y el altruismo.

Gente y gente 

Hay muchos tipos de gente. Gente que no da, gente que espera primero a recibir, gente que prefiere dar y demás combinaciones. Sin embargo, somos todos la misma especie, ¿cómo es posible? No existe nadie que no pueda dar, sino gente que no sabe hacerlo. Y no saben porque no han descubierto la felicidad de hacerlo… y hasta donde sabemos, nadie rechaza la felicidad.

Dar es increíble, es el cable que nos conecta a los demás, es lo que nos hace uno, lo que convierte al individuo en hombre. Dar es engrandecer, es ofrecer posibilidades… Sonreír está bien, pero hacer sonreír está mejor, porque cuando sonríes tú sonrío yo y, haciéndote feliz, ya somos dos.

Entonces, ¿Por qué es importante aprender a pedir?

En el momento que nos entregamos a los otros estamos, en primer lugar, reconociendo que hay otros y, en segundo lugar, diciéndoles que queremos estar con ellos, ser un equipo. Si pedimos un favor, lo que estamos haciendo es decir que queremos que estén con nosotros.

Dar y pedir, pedir y dar… Dos formas de decir “te quiero a mi lado”, “te necesito”.  Dos formas de decir que mejor si vamos de la mano, si rompemos el individualismo y nos adentramos en la felicidad y el regocijo que nos da volver a la naturaleza y esencia de lo que en verdad somos: seres sociales.

A veces nos cuesta pedir, nos sentimos vulnerables o incompetentes. Y es este el error, precisamente. Ver con ojos de competencia o competitividad lo que debería ser cooperación. ¿Para qué ser rivales si podemos ser un equipo? Cada vez que damos o cada vez que pedimos estamos legitimando el concepto de sociedad, de unidad y de cooperación. Estamos renovando los votos de que “mejor juntos”. Y, sin duda, mejor juntos.

No tengamos miedo a pedir, a decir “te necesito”, porque, digan lo que digan, no solo es lo que nos hace humanos, sino que es de lo más bonito que de tu boca puede salir y que en tus oídos puede entrar.