– He trabajado duro, hijo, muy duro, pero ahora, a mis 47 años, puedo decir que he alcanzado el éxito. ¿Qué te enseña eso?
– Me enseña que, si sientes así, has desperdiciado 47 años de tu vida.
– ¿Cómo?
– Que has desperdiciado 47 años de tu vida.
– Creo que sabes poco sobre el esfuerzo. El esfuerzo es el camino al éxito.
– Creo que sabes poco sobre el éxito. El esfuerzo es el éxito.
– Ah, ¿sí?, ¿y por qué ahora me siento inmensamente feliz, mucho más que antes?
– Pues seguramente porque viviste esperando. Te esforzaste, trabajaste duro y con disciplina, pero por amor a lo que llegaría, no a lo que hacías. El esfuerzo, papá, es un valor, un fin en sí mismo, no un medio para conseguir algo. Cuando eliges vivir en un valor no se espera nada a cambio, simplemente lo practicas como acto de perfeccionamiento y crecimiento que te acerca a la plenitud. Y es ahí, y solo ahí, donde está la felicidad.
– ¡Bah!, ¡Filosofía!
– Bueno, te lo puedo pintar más práctico. Creo que has minusvalorado el éxito y lo has convertido en un “bien inversamente perecedero”.
– “¿Inversamente perecedero?”
– Sí. Un bien perecedero es aquel que ahora tienes pero que luego, mañana o algún día ya no. Tú has hecho lo inverso: no lo tenías y ahora sí. En cualquiera de los dos casos se produce un derroche, una pérdida. Para mí, lo mismo es hoy no tener y mañana sí, que tener hoy y mañana no… Inversamente perecedero.
– ¿Qué conclusiones quieres que saque de esto, hijo?
– Que hoy no vale más que mañana, ni al contrario. Que un 25 de julio no vale más que un 29 de marzo. Que unas veces habrá recompensa y otras no, pero el éxito está en el esfuerzo si en tus horas de lucha pusiste todo tu empeño y corazón no para lograr algo -todo llega- , sino porque simplemente lo amabas.
– Quizás lleves razón… no lo sé.
– Y esto no quiere decir que no debas estar ahora más feliz, es solo que no quiero que pienses que el éxito es esto, ni que has tardado tanto en conseguirlo, porque cada vez que peleabas por tu sueño tenías éxito. Me duele que sientas que has tardado 47 años en lograrlo, porque en lo que en verdad has tardado 47 años es en comprenderlo.