Este precioso cuento remarca la frontera entre los realistas y los soñadores.

Los primeros piensan que solo importa lo real, lo que hay, lo que se puede tocar.  Los segundos saben que lo valioso es lo que aún no hay, lo posible, aquello a lo que se puede aspirar.

Hay quien cree que todo lo que posee es la suma de su pasado, y mira atrás. Hay quien sabe que lo más grande que se puede tener es un sueño, y mira adelante.