A rey muerto, rey puesto. Lo mismo ocurre con los paradigmas en la historia, no existe un vacío temporal.
Aunque nos resulte complicado, debemos hacer un esfuerzo de fe para comprender que una crisis no es nuestra perdición, sino un cambio de dirección al que otorgar nuevo sentido.

La pérdida de garantías de un empleo tan seguro como dependiente nos abre como nunca las puertas a un modelo de emprendimiento en el que apostar por nuestra pasión. Es el momento de reinventarnos, de apostar por nosotros, de no vender nuestro tiempo y de no tirar nuestra vida por la borda.