“No cuestiones su compromiso con la misión. No sirve de nada que le sugieras amablemente al artista que se busque un trabajo diario para llegar a fin de mes, o rendirse, o sentar la cabeza, o bajar el listón. El artista piensa en esto todos los días, y no necesita que le recuerdes que puede sacrificar su vida y su sueño por un empleo mejor para poder permitirse más lujos y cachivaches industrializados.

Cuando haya finalizado el trabajo, no cuestiones las tácticas, sobre todo si no te pregunta. El momento de devanarse los sesos para encontrar la mejor manera de interactuar con el mercado es mientras se está creando el arte, no cuando ha fracasado. Por otra parte, es perfectamente adecuado que le preguntes al artista si quiere hablar sobre cómo aumentar las probabilidades de que su público entienda mejor su arte.

Es inútil que intentes tranquilizar al artista. Nunca serás capaz de tranquilizarlo suficientemente como para que supere el abismo constante que conllevan cada decisión, cada proyecto y cada táctica. Un artista necesita que lo confortes asegurándole que ha elegido un camino loable y que le hagas saber que cuenta con tu apoyo. Pero la tranquilidad sobre su trabajo debe nacer en su interior. La mejor pregunta que puedes hacerle a un artista es: «¿Cómo vas a conseguir que funcione?».

Intenta diferenciar entre las críticas que el arte suscita en una persona (tú) y la difícil comprensión empática que despierta en las demás. Tal vez no te guste a ti, pero no es justo generalizar y decir que no le va a gustar a nadie. Si no eres capaz de entender la obra desde el punto de vista del público, quizá sea mejor que no digas nada.

El artista necesita que le demuestres un compromiso inquebrantable con su misión. Este es el precio más alto que tienes que pagar por estar con un artista y apoyarlo, y sí, probablemente puedes invertir aún más tiempo, pasión y dinero para hacerlo. Parte del apoyo a esta misión consiste en empujar al artista a ser más comprometido, no menos; en empujarlo a demostrar más concentración, agudeza y singularidad, no menos.

(…)

El artista no necesita que le ofrezcan una escapatoria para evitar crear arte. No necesita que le recuerden la realidad, o los abogados, o las normas, o incluso las leyes de la física. El artista simplemente necesita que lo animen, lo engatusen y lo apoyen para crear un arte mejor.”

Seth Godin, El engaño de Ícaro.