“Más por menos, menos”, nos enseñaron. Que lo negativo prevalezca sobre lo positivo no es algo exclusivo de las ciencias matemáticas, o no lo será si no lo remediamos.

Vivimos expuestos a La dictadura del débil. A pesar de sonar algo radical, pues detestamos la palabra dictadura y preferimos ser fuertes, basta con observar algunos de nuestros contextos cotidianos.

Pensemos en estos ejemplos:
Si uno SÍ quiere ir al cine y el otro NO, no irán. Gana el NO. Si a uno le gusta todo tipo de comida pero el otro solo come hamburguesas, si quieren cenar juntos, no aspirarán a mucho más que el McDonald’s…
El resultado de nuestras acciones colectivas no puede nunca superar a las limitaciones individuales. “La fuerza de la cadena es igual al eslabón más débil”, escribió alguien un día… y “las principales cadenas son las ideas”, señaló Rousseau.

Hay casos en los que no importa tanto -“me da igual la película que veamos si es contigo, cariño”-, pero otros en los que sí. ¿Cuantas veces, en un grupo de amigos, el plan que hacemos al final, ha quedado determinado porque alguno de los integrantes se enoja si no hacemos lo que este quiere y terminamos, por compasión, por crear armonía o simplemente porque sonría, sucumbiendo a su deseo? ¿Cuántas veces hemos sabido la respuesta a la interesante pregunta del profesor pero no hemos alzado el brazo porque se reirían de nosotros? Lo que sea por no perder al resto.

Cuando nos socializamos -necesidad básica del ser humano- nos exponemos muchas veces a que venza lo pequeño:

  • Si quiero dar un paseo por el parque pero ella está cansada, se impondrá su cansancio.
  • Si quiero hablar de literatura pero jamás has abierto un libro, ganará tu ignorancia.
  • Si quieres ir a la ópera pero yo considero que eso es soporífero, ganarán mis prejuicios y nos perderemos el Nabucco.

Esto no quiere decir que tengamos que saber de todo o amar todo, pero sí lo más posible. El gusto se educa, la educación requiere esfuerzo. Siempre habrá quien diga aquello de “para gustos, colores”… Pues eso, para gustos colores, y en todo lo demás debemos esforzarnos por llegar a amar más cosas, porque gran parte del disfrute de algo depende del conocimiento de sus reglas, su entorno y su esencia.

El gusto se educa, la educación requiere esfuerzo.

Todos tenemos limitaciones y debilidades, no se trata de negarlas, sino de reducir las primeras, expandirnos y fortalecernos en las segundas. El crecimiento personal es, a fin de cuentas, aumentar nuestro campo de capacidades y, con ello, nuestras posibilidades o, lo que es lo mismo, reducir nuestras debilidades.
Es importante pelear contra los límites, alejarlos lo más posible. Es importante estar abierto siempre a más.

Hay algo que la lógica nos enseña: el continente determina el contenido. Por muy grande que sea el mar, solo nos llevaremos el agua que quepa en nuestro vaso; por muy hermoso que sea el mundo solo veremos hasta donde los ojos alcancen; por mucho amor que haya en el mundo, solo sentiremos el que quepa en nuestro corazón… Más vale que este sea enorme. Miremos más lejos, vayamos más allá, crezcamos, dilatemos el corazón, digamos SÍ.

Crecer duele, mucho a veces, lo saben nuestras encías cuando salen los dientes, lo sabe nuestro orgullo cuando nos equivocamos pero aprendemos, y lo sabe nuestro miedo cuando abandonamos nuestra zona habitual…. Pero, ¡ojo!, crecer es crecer.

Crecer duele (…), lo sabe nuestro miedo (…), pero, ¡ojo, crecer es crecer!.

La paradoja escondida es que suele vencer el NO, pero sin embargo lo que hace avanzar es el SÍ. Las matemáticas se ‘equivocaban’ y, en la vida, lo positivo puede arrasar con lo negativo.

Lo positivo solo se pierde entre lo negativo –más por más, es más-. Si todos contribuyéramos, si todos sumáramos, la cuenta siempre sería positiva. No seas un lastre para los que te rodean, seamos un equipo.

Que no se imponga La dictadura del débil, que ganen los ‘fuertes’, los valientes, los que buscan el crecimiento de sí mismos y del grupo, porque son los fuertes los que mejor podrán tirar de los demás cuando necesitemos ayuda.