Escribir hace de nosotros un instante imprevisible. El escritor se pelea con uno mismo, se empuja al vacío y, mientras cae, se mira a los ojos disfrutando la caída. Escribir es tener el cómo y el dónde, y darle un sentido al qué. Es poner negro sobre blanco pasando por la escala de grises. Escribir: ¿para qué?

1.- Escribir para aprender.

El escritor vive del pretérito imperfecto, se imagina en el futuro condicional y habita en un presente nada simple. Enfrentarse al papel es un ejercicio de autocomplacencia, es reordenar la vida y pedirse perdón. Escribir es darle un nuevo sentido al pretérito pluscuamperfecto, es aprender a conjugar todos los tiempos del verbo poder.

2.- Escribir para inventar.

Escribir es ordenar mentiras, una tras otra, hasta convertirlas en una gran verdad. Y es que no hay nada más cierto que lo que nunca ha sucedido. Nuestra memoria, selectiva y egoísta, es capaz de olvidarse de nuestros propios recuerdos, pero siempre recuerda una buena mentira.

Escribir es ordenar mentiras, una tras otra, hasta convertirlas en una gran verdad.

3.- Escribir para disfrutar.

Todo aquel que haya escrito alguna vez se habrá quedado sin palabras. Momentos de silencio, pánico y cabreo frente a la pantalla. El teclado no responde, el papel no contesta y las palabras parecen que han volado. Entonces, ocurre. Ahí está esa maldita palabra que le da sentido a todo. Ese conjunto de letras escurridizas y caprichosas que hacen de la escritura la mejor pasión del mundo y no una profesión más.

4.- Escribir para desconocer el equilibrio.

Escribir es una llama que busca constantemente una mecha. Es como reír y llorar al mismo tiempo; como ser y parecer; como quedarse e irse. El escritor destruye y construye a discreción. Escribir es perder el tiempo y no recordar dónde se ha dejado, es disfrutar la eternidad que ofrecen los momentos efímeros de la escritura.

5.- Escribir para vivir.

El escritor es un actor, un farsante. Un creador de prejuicios, opiniones, risas y llantos. Le puedes odiar o amar. Vive varias vidas y ninguna. Puede ser un soldado griego abatido, un pirata inglés al abordaje o un astronauta a la deriva. O una mujer iraní bajo un velo, una princesa en apuros o la presidenta de los Estados Unidos. El escritor no solo habla de atardeceres, palomas al vuelo y campos de flores. El escritor llena de sabor cada palabra y hacer pasar hambre al lector.

Escrito por Enric Ochoa-Prieto.
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Fragmento de Barajas, 1968, novela en proyecto.

Fragmento Barajas 1968