Martin Luther King no dijo I have a plan, dijo I have a dream.
Simon Sinek.

El cómo es esa pregunta secundaria terciaria a la que uno debe responder en el camino a la consecución de su meta. Por delante, el qué y, sobre todo, el por qué.

Responder al cómo de una forma u otra puede hacernos ahorrar tiempo, dinero, medios, etc., pero nunca debe ser una pregunta cuya respuesta determine si se parte en busca de lo que se desea o si se rechaza.

La mayoría de abandonos no tiene que ver con la imposibilidad del objetivo, ni siquiera con la dificultad, sino con la ausencia real de una causa. Sin embargo, sigue siendo el cómo el principal bastón sobre el que se apoyan las excusas. Si el sueño es auténtico, la dificultad solo aspira a demorar la meta, pero nunca a derribarla.

Al final, como en la ciencia, todo movimiento depende de un cálculo entre diferentes fuerzas, y pocas capaces de frenar la fuerza de la ilusión.

Todo aquello que hagamos (qué) cobrará más fuerza si se apoya en una causa, en un por qué. Así, si la posibilidad lo permite, el cómo se resolverá más adelante del mismo modo que el agua llega al pie de la montaña ignorando su ruta cuando el hielo empieza a derretir. Y llega.

El por qué es la fuerza que sustenta el qué, la meta. Es el motivo sin el cuál el cómo no tiene sentido, pues sin sueños no se camina, se deambula.

Ponte en marcha, basta de excusas.