Un pequeño gesto puede ser el origen de una gran sonrisa. No hace falta colgarse de una farola boca abajo, pero sí una actitud amable.

Atrévete a hacer cosas nuevas, porque es la única forma de cambiar. Cuando nos enfrentamos a un contexto nuevo, nos volvemos abiertos, dispuestos a aprender y conocer. Una vez nuestro cerebro considera que ya ha aprendido “suficiente”, establece una respuesta programada (automatismos) y pierde de algún modo espontaneidad.

No esperes a que te den los buenos días para darlos, a que te sonrían para hacerlo tú, a que te hablen para responder. Da el paso, sé el primero. Lidera la sonrisa.