Pablo Arribas: La liberación sexual nos dio la oportunidad de distinguirnos como especie, pero lejos de enriquecer el sexo, lo ha empobrecido y reducido al nivel puramente instintivo y animal.

La verdadera libertad en el sexo no está en poder practicarlo, sino en dar rienda suelta a la fantasía. Hoy día, no es difícil encontrar pretendientes, pero falta ese punto de arte que convierta un acto accesible y placentero en otro valioso y plenamente satisfactorio.

Mario Vargas Llosa: La libertad irrestricta, la renuncia a toda teatralidad y formalismo en su ejercicio no han contribuido a enriquecer el placer y la felicidad de los seres humanos gracias al sexo. Más bien, a banalizarlo, convirtiendo el amor físico, una de las fuentes más fértiles y enigmáticas del ser humano, en mero pasatiempo.

P. A: Hagas lo que hagas, hazlo con pasión y fantasía. A través de ellas, transformamos la realidad física y quebrantamos nuestros límites, y pasamos de ser deseo encerrado a ser todo cuanto alcance nuestra imaginación. Es la máxima expresión de libertad que un ser humano puede experimentar, y lo hace a través del juego.

M. V. L: Solo cuando lo civiliza la cultura, y lo carga de emoción y pasión, y lo reviste de ceremonias rituales, el sexo enriquece extraordinariamente la vida humana y sus efectos bienhechores se proyectan por todos los vericuetos de la existencia.

P. A: El erotismo convierte al sexo en juego y obra creativa.

M. V. L: El erotismo convierte al sexo en obra de arte.

P. A: La sensibilidad, la emoción, el sentimiento, la elegancia, la pasión, el misterio, la fantasía y la creatividad dotan de belleza al placer físico. Eso es el erotismo…

M. V. L:Es la negación misma de ese sexo fácil, expeditivo promiscuo en el que paradójicamente ha desembocado la libertad conquistada por las nuevas generaciones. Requiere de rituales, fantasías, vocación de clandestinidad, amor a las formas y a la teatralidad… Exige sensibilidad refinada, cultura literaria y artística y cierta vocación transgresora. El erotismo ha desaparecido al mismo tiempo que la cultura.

P. A: El sexo sin sensualidad y sensibilidad (sin calidad) es la marca blanca del propio sexo, una rebaja sin regateo.

M. V. L: “El arte y la sensualidad son la misma cosa”, que le dijo Picasso a Jean Leymarie. La cultura no es cantidad de conocimientos, sino calidad y sensibilidad.  El erotismo es un símbolo de alta civilización.

P. A: El modo en que practicamos el sexo mide muy bien nuestra cultura.

El erotismo convierte al sexo en obra de arte.

 

P. A: E. Burke definía la belleza como “aquella cualidad o cualidades de los cuerpos por las que estos causan amor (o alguna pasión parecida a él)”. Al sexo le falta belleza o, lo que es lo mismo, al sexo le falta amor. Esto no tiene que ver con el sentimiento de apego o cariño generado con el tiempo, ni con la eternidad, sino con una forma de relacionarse con lo exterior, es una forma de mirar, de sentir, que no pretende un “para siempre”, sino que es el goce/disfrute del “aquí (y solo aquí) y ahora (y solo ahora)”, de la presencia, armonía, la conexión y sintonía total.
Solo a través de esta sensibilidad se sublima el placer físico.

M. V. L: Para que esta sublimación ocurra es imprescindible que se preserven ciertos tabúes y reglas que encaucen y frenen el sexo, de modo que el amor físico pueda ser vivido -gozado- como una transgresión.

P. A: El tabú, “lo prohibido”, es lo que convierte algo en místico, secreto, mágico y lo que lleva a la acción a la esfera más privada e íntima donde se desarrolla la fantasía. La magia se pierde al hacerse visible como así lo hace un secreto al ser revelado. Lo que convierte a una obra en arte es lo que esconde y se desvela en forma de sentimiento que difícilmente pueden describir las palabras. Estamos en la era de “lo público” y se pierden los tabúes, y con ello la fantasía, y con ello el erotismo, y con ello el arte.

M. V. L: Violando la norma en la intimidad, con discreción y de común acuerdo, la pareja o grupo llevan a cabo una representación, un juego teatral que inflama  su placer con un aderezo de desafío y libertad, a la vez que preserva al sexo del estatuto de quehacer velado, confidencial y secreto.

P. A: Es importante no confundir tabú con prejuicio.

M. V. L: El sexo hay que liberarlo de prejuicios, pero no de las formas y ritos que lo embellecen y civilizan. Y, en vez de exhibirlo a plena luz y por las calles, preservemos esa privacidad y discreción que permiten a los amantes jugar a ser dioses y sentir que lo son en esos instantes intensos y únicos de la pasión y el deseo compartido.

P. A: Como ocurre en la ley del mercado, cuando la oferta es menor que la demanda, el precio sube; cuando la oferta es mayor que la demanda, el precio baja; y cuando hay tanta oferta como demanda, ¡el producto se regala! En nuestros días, no solo la gente se regala en el sexo, sino que no tiene el buen gusto de ponerse un lazo.

Texto de Vargas Llosa extraído de su obra “La civilización del espectáculo”. Alfaguara, 2012