Hay tres tipos de persona: los que se preguntan qué sobra, los que se preguntan qué hay y los que se preguntan qué falta. Los primeros se quejan, los segundos se dejan llevar y los terceros actúan.

La vida pone máscaras a unos mientras otros se esconden muy bien. En semejante Carnaval, malo parece dar la cara. ¡Pobre del que llega a Venecia sin disfraz! (Si es que le dejan entrar).

Buscando cada cual su propio placer,  pronto olvida uno quién es y difícil se recuerda quién es uno. Con tanto lío de identidad, es frecuente encontrar a los que se quejan pensando que son de los que actúan (“lo que falta es que desaparezca lo que sobra”, dirán), así como gente que parece que no actúa porque apenas se avanza (“lo que sobra es que echemos tanto en falta”, responden).

En medio del banquete, gesticulando con los brazos, se ve a otro grupo. El grupo del ‘hay-que’. “Hay que tal, hay que cuál…”, bien conocidos por todos. Estos están tan cerca de los primeros como de los segundos, pues si los unos restan, los otros no suman y, ya se sabe, desanimar y no animar no andan demasiado lejos.

Por fortuna, no hay Venecia sin canal ni canal sin gondolero. Suerte tiene este de que su barca no navegue con remos o, entre los que no reman, los que lo hacen para el otro lado y el peso de ambos, no llegaría a ningún lado.

Él sigue y seguirá, es su causa, pero para sus adentros siempre anhelará el día en que todos coincidan en dirección, ganas y sentido.