Al principio todo era caos, una masa desordenada e imperfecta…
“¿Qué puedo hacer con ella? No sé lo que voy a hacer,
pero haga lo que haga lo voy a hacer bien.”

Demiurgo

Todo está creado, todo existe y de lo que hay no hay más. Quizás esta afirmación puede resultar algo angustiosa, retar a nuestra libertad y sentir que nos deja sin misión alguna… o, y esta es mi propuesta, quizás se trate de un tremendo alivio y un escaparate tan abierto a posibilidades que si bien no llegara a ser infinito se nos haría inabarcable.

Cuando producimos algo nuevo decimos que creamos algo. Pero, ¿se trata de una creación o de una ordenación? No seré yo quien cambie el diccionario, pero tampoco quien se limite a él [1]Mi propuesta es el cambio de la palabra creatividad por ordenatividad.

No se trata de un capricho excéntrico, sino de un cambio de visión que creo que, si lo asimilamos, puede tener consecuencias importantes y positivas en nuestra forma de ver el mundo y actuar en él.

El ser humano tiene dos “defectos” maravillosos: la subjetividad y la necesidad de dar una respuesta a todo. Subjetividad porque cada uno es único y lo máximo que podemos hacer es interpretar; necesidad de respuesta como algo emanado del miedo y que nos impulsa a dar una contestación a los interrogantes más allá de que sea cierta como forma de control que alivie la incertidumbre.
Y son maravillosos porque es ahí donde nace la creación. Una creación es una respuesta única y particular a una pregunta.

Así, si queremos crear, necesitamos de un lado el interrogante y del otro confiar en que nuestro cerebro hallará una respuesta… y lo hará porque está programado para ello. Ahora bien, ¿dónde encontrar las preguntas? En todos lados, en todos los sitios donde no las hayamos respondido ya.

Se trata de una clara invitación de la vida a salir de nuestro entorno habitual, de nuestro territorio de certezas, a pesar del miedo que eso nos pueda generar. Y es que la creatividad (más adelante le cambiaremos el nombre) requiere de ese “susto” inicial de no saber. La creación -amplío- es la reacción a la angustia de no tener la respuesta.

La creación es la reacción a la angustia de no tener la respuesta.

De la creatividad a la ordenatividad.

El Chupa-Chups, por ejemplo, ¿se creó o fue el resultado de poner un palo junto a un caramelo? El palo y el caramelo ya existían, solo faltaba que Enric Bernat los reubicara.

Cuando Platón habló en boca de Timeo para describir la creación del mundo, habló más bien de un genio ordenador, un artesano, que de un creador. “Al principio todo era caos, una masa desordenada e imperfecta” y el Demiurgo la ordenaba. Seamos Demiurgo. No es de extrañar que Steve Jobs, por su parte, dijera que “crear es conectar”. Conectemos.

América ya existía, pero los europeos no la descubrieron hasta que se subieron a tres barcos, el ingenio de Newton necesitó de un día de sol que le llevó a cobijarse bajo un manzano y Arquímedes solventó el problema de la corona del gobernador de Siracusa gracias a la inspiración que le dio un baño. Y es que es al conectar con el entorno cuando nace la inspiración, preguntas que sacan las respuestas que llevamos dentro hasta llevarnos al momento “eureka” [2].

¿Cuántas veces hemos sentido que al juntarnos con una persona salía todo nuestro ingenio, nos volvíamos más divertidos o parecíamos ser mejores? ¿Cuántas veces encontrarnos en un nuevo lugar nos ha llevado a un viaje interior de reflexiones tan nuevas como placenteras?

Algo parece claro: si aceptamos que A + B = C, y queremos un resultado nuevo (una creación), necesitaremos añadir nuevas letras. No hay mayor enemigo de la creatividad/ordenatividad que el estatismo, la rutina y la cabezonería. Es fundamental que interactuemos con el entorno, para encontrar lo que en este hay y para que salga lo que en nosotros se esconde.

No hay mayor enemigo de la ‘creatividad’ que el estatismo, la rutina y la cabezonería. 

¿Qué hacer?

  • Establecer más relaciones con las personas y el entorno
  • para producir nuevas influencias, experiencias y conexiones
  • que generen nuevos estímulos, motivaciones y preguntas,
  • configurando un marco nuevo de oportunidades y posibilidades
  • que den lugar a nuevos aprendizajes y respuestas.

Todo está creado y no se puede crear más –decía-. Lo que nos queda ahora es ordenar lo creado. Nuestra libertad no reside pues en la creatividad, sino en la ordenatividad, en lo que hacemos con lo que tenemos. Y tenemos mucho, muchísimo, dentro de nosotros y fuera, en la naturaleza, en los demás. Solo “mezclándonos”, saliendo, conectando, conociendo, diciendo SÍ, abriéndonos,etc., se producirán cosas nuevas fruto de increíbles combinaciones entre lo que nosotros somos y lo que hay. Hagamos que ocurran cosas. Reordenemos el mundo.

Solo aceptando que la innovación y el despertar del ingenio son frutos de la reordenación de lo que ya existe dejaremos de invocar a las musas desde nuestro rincón para salir al mundo, mezclarnos y disfrutar de los inconmensurables regalos de la vida.


[1] En la primera acepción, el diccionario de la RAE, define crear como “producir algo de la nada”, y en su segunda hace referencia en sentido figurado a “establecer, fundar o introducir algo por primera vez”. De la nada no surge nada (0+0=0); y dado que cada momento en el tiempo y el espacio y cada elemento es único, todo sería siempre introducido por primera y última vez.

[2] Ante esto Platón diría que lo que hacemos es recordar en un proceso de reminiscencia o anamnesis lo que ya sabíamos pero habíamos olvidado. O, siendo algo menos mágicos, todo está pero hay que encontrarlo.