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Reflexiones en la categoría: Amor

El amor light

– ¿Qué demonios habrá en esa diligencia?
– Eso es fácil de averiguar: te acercas como si quisieras echar un vistazo.
Si te emprenden a tiros, es oro.

Película: Por un puñado de dólares.

El problema de los seres humanos no es que – como señalan los científicos – vivamos usando solo el 1% de nuestro cerebro. El problema es que lo hagamos usando tan solo el 1% de nuestro corazón.

Si hay una característica que pueda englobar a la mayoría de nuestras relaciones personales es su falta de profundidad. Conocemos a mucha gente, pero la conocemos poco. Nos acostamos con muchas personas, pero con casi ninguna hacemos el amor. Son relaciones – o más bien conexiones – de vínculos muy débiles y de bajo compromiso e implicación. Es la era de las amistades y el amor descafeinados, sin calorías… sin riesgos. Es la era del amor light. – Sigue leyendo –

No hay otra manera. Si quieres que tu relación funcione, necesitas un amante.

Búscate un amante

Búscate un amante. Va en serio, búscate un amante. No importa que estés en pareja, soltero o en modo “es complicado”. Si quieres tener una vida apasionante –y, según parece, solo vivimos una vez–, lo mejor es que la pases rodeado de amantes.

Es posible que tras estas palabras estés algo sorprendido, enfadado o incluso… ¡aliviado! Quizá estés pensando, “¡Pero cómo voy a ser infiel a mi pareja! ¡Este se ha vuelto loco!”, o “¡Sí, hombre! Con lo que me cuesta estar bien con una persona… ¡como para estar con dos!” Si te ha ocurrido alguna de estas cosas es que no me has entendido, y, en ese caso, lo más recomendable será que empecemos por el principio:

Un amante no es aquella persona con quien te das dos revolcones mientras tu pareja piensa que estás en el supermercado o tomando copas con los amigos. No. Un amante es la persona que sabe amar. Lo otro quizá sea un rollo, un polvo, un follamigo o –dicho finamente por la RAE– un amigovio, pero en ningún caso (o no necesariamente) un verdadero amante. Repito: un amante es aquel que sabe amar. – Sigue leyendo –

Vas a perderla

Ni China, ni Canadá ni tan siquiera Rusia. No hay territorio más grande que el ser humano, pues no hay día D ni hora H en que se termine de conquistar. En el amor, cada día es día de batalla.
Pablo Arribas.

En una ruptura hay siempre dos fechas: aquella en la que oficialmente se dice “hemos terminado” y aquella en la que la llama empieza a apagarse y decidimos no hacer nada para reavivarla. Aquella en la que se anuncia la muerte y aquella en la que se asiste al funeral.

Recuerda siempre esto: Tu historia no acabará el día que decidas no volver a verle o no volver a llamarla. Tu historia ha terminado hoy mismo si, por el motivo que sea, has dejado de luchar.

Quitando el espacio exterior (donde no existe fuerza de rozamiento) todo cuerpo en movimiento tiende al reposo. No importa lo fuerte que lances la piedra o la cantidad de pólvora que añadas a tu bala, si por el camino no imprimes más fuerza, terminarán por detenerse. Nada escapa a esta ley, ni siquiera el amor. Por muy ardiente que se presentara al principio –por muy intenso que fuera el enamoramiento–, si cada día no preparas leña, no te hinchas los carrillos y soplas como si vuestra unión fuera fuego, esta se apaga.

Seamos claros: el amor no es apto para vagos, perezosos y aquellos que esperan vivir de las rentas. El amor es para los que se esfuerzan, se entregan y hacen del presente cimientos para su futuro. De nada sirve que en las primeras citas elijas tu mejor camisa, tu mejor perfume o tu mejor sonrisa y que, pasado un tiempo, decidas hacer del chándal tu vestuario principal. Si para enamorar sacabas lo mejor de ti, ahora no vale racanear. – Sigue leyendo –

Yo quiero un amor vintage

“Me imagino en un futuro a la gente hablando del amor como se habla ahora de las cosas con hombreras. “¿Te acordás cuando todavía se usaba el amor? ¡Qué horror! Yo lo usé un par de años, no quiero ni ver fotos de esa época.” Todo pasa tan rápido que ni nos damos cuenta. El amor tarde o temprano también pasará de moda. Lamentablemente… siempre me gustó lo vintage.” 

Como si de una carta a Los Reyes se tratara, pedimos un amor que nos cuide, nos mime, sea bueno, nos proteja…. ¡Ah, y que tenga detalles! Y cuando esa persona aparece en nuestra vida, paradójicamente, no la valoramos porque nos cuida demasiado, nos mima demasiado, nos protege demasiado, es demasiado buena y tiene demasiados detalles. Demasiado para ser real. 

Y es en este punto, en el que tras hacer una larga lista de cualidades y virtudes maravillosas de esa persona, acabamos por pronunciar el famoso ‘… pero te quiero como amigo’. El primo hermano del ‘No eres tú, soy yo’ a veces me lleva a pensar que, en el fondo, parece que nos gusta lo complicado y difícil (y los raritos, los bordes, los malotes, los aparentemente especiales y un largo etc), porque pareciera que así merece más la pena. ¿Qué hay de malo en la sencillez de una persona que nos cuida el corazón con ese cariño? ¿Qué es lo que falla? – Sigue leyendo –

Este no es mi viaje, es el tuyo

¿Cómo soltar aquello en lo que pusimos tanto?
¿Cómo replegar el corazón cuando fue tan expansivo?
Joan Garriga

Según un cuento Sufí, el Mulla Nasrudín, agotado y sediento tras un largo viaje, llegó a un mercado de la India. Al pasear entre sus puestos, quedó fascinado al ver en uno de ellos unos frutos rojos que parecían ser muy frescos y jugosos. Tan bueno era su aspecto que decidió comprar varios kilos. Sin más tiempo que perder, buscó una sombra donde empezar a devorarlos. Nada más dio el primer bocado, el Mulla comenzó a sudar y a ponerse colorado. Casi echaba fuego por la boca y, a pesar de ello, Nasrudín no dejaba de comerlos. Al verle en ese estado, un transeúnte no puedo evitar preguntarle:

– Pero, ¿qué haces comiendo tantos pimientos picantes con este calor tan terrible?
– No estoy comiendo pimientos – respondió Nasrudín –, me estoy comiendo mi inversión.

El sentido de seguir comiendo pimientos picantes cuando por dentro estás muriendo es el mismo sentido que el de seguir al lado de una persona con quien hace tiempo no eres feliz: ninguno. – Sigue leyendo –

Lo que quieres o nada

Y sé feliz. Pero no por alguien. Tampoco por algo. Quizás con alguien.
Nada de eso; sé feliz porque, al fin y al cabo, es lo que mereces.
Loreto Sesma

No trates de encontrarlo en una discoteca. Tampoco en el trabajo o entre los amigos de tus amigos. Olvídate de Tinder, Meetic, Badoo o Match. Y, por supuesto, deja de esperar a que “se aclare” tu ex. El amor de tu vida no está en ninguno de esos sitios ni en ninguna de esas personas. El amor de tu vida eres tú.

Deberíamos nacer con un contrato que nos recordara que somos merecedores de lo mejor, y que cualquier decisión importante que tomemos, si va en contra de nuestro crecimiento, es indigna de nosotros. Todos merecemos que nos quieran y que nos traten con respeto, aunque siempre habrá quien no lo haga. Sobre eso, poco podemos hacer. Ahora bien, hay algo en lo que nadie podrá nunca interferir: nuestra elección de quién y qué nos rodeamos. Para quien quiere compartir viaje, hacerlo con una persona buena, valiente y que nos ame tal cual somos no es solo un regalo que disfrutar si te toca, ni tampoco es solo un derecho, es una obligación con uno mismo. – Sigue leyendo –

Amor de ‘andar por casa’

Tú y yo podríamos ser cualquiera,
Pero qué suerte tenemos de ser tú y yo.
Sara Búho

Existen muchas formas de nombrar al amor, sin embargo, lo que de verdad acerca a dos personas que se quieren, son los pasos que dan hacia adelante con autenticidad, mirándose a los ojos. Un amor sencillo, despeinado y auténtico: un amor de andar por casa.

Un amor al que uno regresa cada día como quien vuelve a su hogar, donde sentirse cómodo no signifique acomodarse. Porque un amor de andar por casa te invita a ponerte las zapatillas pero también a remangarte como aquel que tiene delante de sí mismo el reto más bonito de su vida. El más grande. – Sigue leyendo –

Por la eternidad bien entendida

“Ahora nuestro mayor miedo en las relaciones con otras personas es que pensamos que el hecho de que nos preparen el desayuno es que ya te están pidiendo matrimonio. Y es entonces cuando te vas a las cinco de la mañana después de hacer el amor en vez de quedarte y disfrutar del momento”.

Siempre he tenido una teoría: tanto si estás soltero, como si estás en pareja, estate al 100%. No tiene sentido estar en un amanecer mirando al Oeste ni en un atardecer mirando al Este. Que donde estés, estés.

Vivimos bajo una oleada de cobardía. La mayoría de relaciones fracasa por la inoperancia de unos amantes que lejos de lanzarse con todo se rondan a medio gas. Bajo el nombre de la libertad escondemos nuestro miedo al compromiso. Siempre tenemos una excusa. Decimos “no, es que no quiero esto” o “es que prefiero aquello”, cuando en realidad lo que nos arde dentro es un “no me atrevo”.

Antes, cuando conocías a una persona que te gustaba, el miedo era a terminar, pero te arriesgabas; ahora, aunque encuentres a una persona que te encanta, el miedo es a empezar. Hemos pasado del miedo a la independencia al miedo a la dependencia, del miedo a estar solos al miedo a vivir acompañados, del miedo a morir al miedo a vivir. – Sigue leyendo –

Déjate sorprender

“Pensaba follarte y luego pasar directamente a otra,
pero no ocurrió así”.
Desmontando a Harry (Woody Allen.)

Los grandes regalos no suelen tener hueco en nuestra casa. Tenerlo supondría haber estado viviendo con un gran vacío mientras llega. Es por esto que muchas veces rompen y obligan a reorganizarlo todo. Y es por eso que mucha gente los desecha, porque aceptarlo supondría un fuerte cambio de planes.

Las personas más especiales no van a aparecer en tu vida en una mañana soleada en la que todo está perfecto, quizás lo hagan en mitad de una noche de lluvia. Nunca es el momento perfecto para la tormenta perfecta. Nada es más difícil de encajar que dos vidas.

La salsa de la vida no son los sueños, ni las metas. Ni siquiera sus logros. La salsa de la vida son las sorpresas. Aunque parezca mentira, hay quien tiene sobre la mesa un regalo envuelto y no lo abre. “¿Para qué?… si no necesito nada”, “tendré que devolverlo…”, “no lo merezco”, etc. Pero los regalos no se merecen, se dan, se reciben y se abren… pero no se merecen. Muchas veces, de hecho, los regalos son injustos y caen en manos de quien solo merece carbón, pero precisamente por eso son regalos, porque son una nueva oportunidad para darle a nuestra vida un rumbo diferente. – Sigue leyendo –

Las personas hogar

‘Imagina la vida como si fuera un pilla-pilla
contra los rivales del otro equipo del colegio.
Pues ella… es casa’.
Elvira Sastre. 

Entre todos los rincones del mundo, siempre hay unos favoritos. No importa cuánto te muevas, cuánto viajes o dónde estés, nunca es mal momento para regresar. Sabes bien cuáles son: ‘tus personas hogar’.

Las personas hogar huelen a amor y aceptación incondicional. Huelen a cariño, a abrazos largos donde se te cierran los ojos y se esboza una sonrisa. Estas personas huelen a amistad, amor y familia elegida. Huelen a ‘estoy a tu lado así tengamos que apretar los dientes’ y confían en ti incluso cuando tú mismo has dejado de hacerlo. Son aquellas personas que no te evitan el vértigo ni la caída, sino que te ofrecen las palabras exactas que solo puede regalarte alguien que se cosió las heridas a aprendizajes. Ellas reparan con tanta delicadeza que eso de que ‘el tiempo todo lo cura’ carece de sentido cuando has probado a dejarte soplar sobre las heridas por estas personas. Las personas hogar están siempre dos pasitos detrás de ti por si te caes, para sacudirte el polvo de las rodillas con amor y comprensión. – Sigue leyendo –

Cabeza, corazón y tripa

 “Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio.
Contigo porque me matas, y sin ti porque me muero”.
Antonio Machado.

Existen tres formas de querer: con la cabeza, con el corazón y con la tripa. En la cabeza, querer se llama preferir; en el corazón, amar; y en la tripa, desear. O quieres con las tres, o estás destinado al caos.

El amor es un juego de equipo. De equipo con la otra persona y de equipo contigo mismo. O mejor, es un juego de equilibrio(s). Aunque parezca mentira, uno puede querer tener algo a largo plazo con una persona, enamorarse de otra y querer acostarse con otra. Piensa en una mudanza en la que cada uno da una orden diferente de cómo colocar o montar el mueble. ¿A quién obedeces? El desastre y la discusión están asegurados. Una apuesta de éxito necesita unanimidad. Solo cuando cabeza, corazón y tripa se alinean, la persona elegida es deseada y el amor disfrutado. Ni basta con desear, ni es suficiente con preferir, ni vale con amar. – Sigue leyendo –

No me ligues, conquístame

Ahora que gusta mucho decir eso de “todos somos iguales” o “todos somos especiales” o “nada es mejor que nada”, yo digo no. Hay personas y personas.
Hay personas y personas porque hay elecciones y elecciones. Valga el destacado para diferenciar a esas personas en negrita de las, digamos, regulares; esas que, aunque sea en un rápido y diagonal golpe de vista, se te quedan retenidas en la memoria. Ser una persona subrayada se elige.

Siempre he creído que en la vida hay un listón, y que están los que pasan por debajo como en el limbo y los que pasan por encima haciendo un salto de altura.
En el amor, como en todo, hay primeras y segundas divisiones. Creo que nadie debería pasar de puntillas por el mundo cuando puede pisar fuerte. Allá cada uno. Y tú, ¿juegas en primera o en segunda? ¿Ligas o conquistas? – Sigue leyendo –

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